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La existencia y el debido cumplimiento de un adecuado esquema de vacunación contra  diferentes enfermedades graves   salvan vidas,  y  ha propiciado que algunas  enfermedades infecciosas frecuentes en la infancia, se encuentren inactivas o controladas.  Sin embargo, debido a ese éxito, muchos padres  nunca han visto los efectos devastadores que enfermedades como la poliomielitis, el sarampión o la tos ferina (pertussis) pueden tener en una familia o comunidad. Es fácil pensar que son enfermedades del pasado pero la realidad es que algunas  de ellas  todavía existen.

Por ejemplo, en el año 2010, se informó de más de 27,000 casos de tos ferina (pertussis) en los EE. UU. Entre esos casos notificados, hubo 27 muertes, la mayoría en niños menores de 1 año. En California, murieron 10 bebés y 5 de ellos eran hispanos.

Las enfermedades no tienen fronteras y  se pueden propagar fácilmente.

Cuando hay suficientes personas vacunadas en la población, la protección va más allá de proteger al vacunado y  alcanza a las personas no vacunadas, debido a que los microorganismos encuentran muchas dificultades para avanzar.  A este efecto se le llama protección de rebaño.

Es decir, se llama efecto rebaño a la protección indirecta de personas no vacunadas, o sea la adquisición de inmunidad colectiva adquirida a través de la vacunación de una mayoría.

Un aumento en la prevalencia de inmunidad por la vacuna previene la circulación de agentes infecciosos en poblaciones susceptibles, lo que se constituye en una forma atractiva para extender los beneficios de la vacuna más allá de la población objetivo.

El efecto rebaño ha tenido un importante impacto en la erradicación de la viruela, la reducción de la transmisión de la tosferina y la protección contra la gripe y la enfermedad neumocóccica (neumococo).

Por otra parte, hay que tomar en cuenta que un  niño enfermo  puede contagiar a otros miembros de la familia. Cada vez hay más niños que son cuidados por sus abuelos, y por lo tanto un niño enfermo es una fuente cercana y directa que puede enfermar más fácilmente  a personas de la tercera edad.

Quien vacuna a sus niños contra las diferentes enfermedades  termina protegiendo también a las personas de edad avanzada que tienen contacto con ellos, los abuelos.

Fuente de Información:

Dra. Isabel Hidalgo

Pediatra

Costa Rica