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La situación actual en la que vivimos por el COVID-19 puede traer consecuencias en la salud mental, sobre todo en los niños. Hemos podido observar como a los adultos la cuarentena y el aislamiento en las casas los ha afectado,  pero sabemos que ya han vivido lo necesario para poder tener mecanismos para entender y comprender la situación.

Pero para los niños es más complicado, suelen tener una menor comprensión del suceso traumático y enfrentan limitaciones en comunicar lo que sienten. Se encuentran en proceso de crecimiento, su personalidad se está desarrollando y esta situación los aleja de todo su entorno, trayendo  consecuencias psicológicas y físicas.

Los niños pueden tener diferentes reacciones hacia la nueva realidad en la que vivimos dependiendo de la edad. Los niños menores de 2 años son capaces de extrañar a sus cuidadores habituales por ejemplo los abuelos y esto los puede inquietar o producir sentimientos de enojo. Los niños en etapa escolar o mayores pueden mostrarse preocupados por la situación, su propia seguridad y la de sus cuidadores, además del futuro como por ejemplo ¿cuándo volveremos a la escuela? ¿Cuándo voy a ver a mi amigo?.  Puede presentar sentimientos de tristeza, enojo y miedo. Así mismo puede presentarse ansiedad que puede manifestarse con conductas desafiantes como por ejemplo: discutiendo o negándose a obedecer.

En un estudio realizado por Sprang y Silman (2013) ,” los niños que han vivido una cuarentena durante enfermedades pandémicas son más propensos al trastorno de estrés agudo, de adaptación y al dolor (y el 30% cumplía criterios de trastorno de estrés postraumático) respecto a los que no habían estado expuestos”.

Los niños que tienen cierta predisposición a manifestar determinados problemas, o que en el pasado han presentado síntomas psicopatológicos específicos pueden tener más riesgo de que dichos síntomas se manifiesten después de la cuarentena. Por ejemplo en el caso de los niños que presenten un apego excesivo con los padres pueden presentar ansiedad por separación cuando retome la actividad escolar, ya que por el confinamiento las relaciones de apego van a ser más fuertes, porque probablemente están compartiendo más tiempo juntos.

También se puede dar el caso de niños con rasgos característicos de introversión que podrían intensificar sus reacciones de timidez al estar alejados de contextos sociales variados. Niños con tendencia a preocuparse podrían manifestar reacciones ansiosas. También el miedo al contagio, o información excesiva o inadecuada del COVID-19 pueden manifestar síntomas cercanos al trastorno obsesivo-compulsivo.

Por lo que es necesario que los padres estén pendientes, deben tener una comunicación cercana y abierta con los niños  para identificar cualquier problema físico y psicológico.

Se recomienda a los padres mucho esfuerzo para abordar el tema de la manera más  efectiva y evitar cualquier consecuencia a largo plazo en los niños.

Bibliografía: Clínica y Salud vol.31 no.2 Madrid jul. 2020  Epub 27-Jul-2020

http://dx.doi.org/10.5093/clysa2020a14

Fuente de información:

Licda. Norma Astúa González

Psicóloga

Cod.5458