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El maltrato psicológico o emocional consiste en actos que no son accidentales, son verbales o simbólicos, realizados por un progenitor o cuidador de un niño que provocan o generan una probabilidad razonable de causarle daño psicológico.

Este abuso es silencioso debido a que las marcas no se pueden observar a simple vista, pero las heridas provocadas por los insultos, el menosprecio, el rechazo, la humillación son profundas y pueden generar problemas de autoestima o inseguridad.

Esta clase de maltrato comprende comportamientos como poner en ridículo, intimidar, insultar, manipular, rechazar o humillar a un niño, esto ocurre con muchísima más frecuencia que la violencia física.

Un estudio realizado por  la Universidad McGill de Montreal, Canadá, arrojó que «uno de cada tres niños en el mundo sufre alguna experiencia de abuso emocional».

Las repercusiones que un niño puede enfrentar a raíz del maltrato depende de los siguientes factores: del tipo de maltrato, recurrencia, vínculo con el agresor y qué acceso tuvo a los servicios profesionales de protección infantil y atención médica.

Algunas de estas repercusiones son las siguientes:

  • Una de las primeras señales presentes es el cambio de conducta. Se vuelven más agresivos, pueden presentar cambios de humor bruscos, ser impulsivos, hiperactividad, estas conductas pueden manifestarlas a ciertas situaciones o personas en su entorno.
  • Se puede ver dañada el autoestima del niño y sus habilidades sociales. El niño se sentirá con miedo a relacionarse con las personas, puede caer en un aislamiento social,  tener problemas de apego, de entablar y preservar amistades.
  • Se presentan también repercusiones a nivel emocional como por ejemplo: situaciones de ansiedad, tener baja autoestima y creencias negativas sobre sí mismos y el mundo que los rodea, desajustes emocionales en el trato con aquellas personas que pese a tener la responsabilidad de cuidarlos le maltrata. También puede desarrollar cuadros depresivos.
  • El desempeño escolar del niño se ve alterado. Esto repercute en problemas de aprendizaje, disminución de la atención, bajo rendimiento, bajas expectativas escolares y ausentismo.
  • Crecer en un ambiente donde se maltrata puede llevar a los niños a ver como normal el comportamiento violento o abusivo hacia ellos. por lo anterior, pueden pensar que esto hace parte de la cotidianidad, verlo como algo aceptable y a futuro convertirse en un agresor.

Como padres es importante  tomar consciencia de los actos para evitar el maltrato. Si sabemos que gritamos o decimos cosas hirientes, será más fácil evitar la conducta. Es necesario ponernos en el lugar del niño (la empatía es fundamental para evitar el maltrato) y por último, si sentimos que estamos a punto de estallar, tomarnos un minuto a solas para recuperar la compostura.

Fuente de información:

Licda. Norma Astúa González

Psicóloga

Cod.5458