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Cuando se hace referencia a hiperactividad en niños, se habla de problemas relacionados con la atención, impulsividad e inclusive energía incontrolada; estas con actitudes que ponen en evidencia una irritabilidad en el sistema nervioso del niño.

Es importante considerar que más que un problema neurológico que puede afectar el intestino, es un problema intestinal que afecta el cerebro. Existe una serie de alimentos, nutrientes y anti-nutrientes (son compuestos naturales o sintéticos que interfieren con la absorción de nutrientes) que al ser ingeridos por los niños, inflaman el intestino, lo vuelven permeable a toxinas, a elementos inflamatorios. Esto activa el sistema inmunológico, el cual ya tiene una predisposición a la acumulación de toxinas en el niño que tiene una condición con un nivel de desintoxicación menor. Y todo eso viaja por el torrente sanguíneo hasta el cerebro, por lo que en el caso de una persona que no tenga esta sensibilidad a esos alimentos, estos no deberían entrar por esos espacios entre el intestino ni atacar nada desde el punto de vista cerebral.

Una dieta adecuada no puede curar la hiperactividad de los niños, sin embargo, si se siguen algunas pautas nutricionales, les puede ayudar a comer adecuadamente y  además mejorar los síntomas. Se ha determinado que comer ciertos alimentos puede desencadenar y empeorar síntomas relacionados con la hiperactividad, sobre todo en los niños. Por lo cual es necesario evitar algunos alimentos en la dieta de los niños para evitar que el trastorno empeore y realizar actividad física regularmente.

Es importante tomar en cuenta que lo ideal es visitar a un profesional para valorar cada caso y personalizarlo, con el propósito de ver una mejoría.

Algunos alimentos para evitar, eliminar o reducir de la dieta de los niños y recomendaciones nutricionales, con el fin de evitar que los síntomas empeoren:

  • Reducir el consumo de azúcares y carbohidratos simples como el pan banco, arroz, pasta.
  • Suspender el gluten, la caseína (proteína inflamatoria de la leche), la soya. Es importante considerar que la suspensión de estos alimentos ayudarán a determinar si empeoran o no los síntomas, lo ideal es retirar el consumo durante unas semanas.
  • Para determinar la sensibilidad del niño a ciertos alimentos, se deben hacer las  pruebas necesarias y llevar un diario de alimentación, así como rotar los alimentos para identificar comportamientos, siempre guiado por un profesional.
  • Evitar alimentos genéticamente modificados porque incluyen muchos pesticidas.
  • Eliminar los alimentos congelados como las pizzas o repostería industrial. Este tipo de alimentos contiene colorantes artificiales, preservantes y saborizantes, así como grasas que no son saludables.
  • Evitar alimentos con contenido de cafeína como el chocolate, té o café.
  • Evitar el consumo de refrescos artificiales. Estos contienen colorantes artificiales y saborizantes.  Además, algunas de estas bebidas suelen tener cafeína por lo que es mejor evitarlas.
  • Eliminar los alimentos que se encuentran enlatados, cambiar las ollas o sartenes  de teflón por ollas o sartenes de acero inoxidable.
  • Considerar una adecuada suplementación según aquellas vitaminas y micronutrientes específicos que el niño requiere, porque al tener una capacidad menor para desintoxicarse, los procesos hepáticos requieren minerales y vitaminas para compensarlo.
  • Enseñar a los niños a comer despacio y masticar bien los alimentos. Si el niño come despacio, la sensación de hambre desaparecerá antes de que pueda terminar la comida, lo cual frenará la impulsividad. Además comer despacio ayuda a mantener un peso correcto.
  • Mantener los tiempos de comida en el día.
  • Evitar las fuentes de distracción (juguetes, TV) cuando el niño está comiendo.

Por otro lado existen alimentos que pueden favorecer a los niños, disminuyendo los síntomas, como:

  • Carbohidratos complejos: (carbohidratos integrales, como: el pan integral, arroz integral, pasta integral, galletas integrales, quinoa, trigo, avena) y productos realizados con ellos, todo tipo de legumbres y semillas. estos carbohidratos complejos se van liberando poco a poco, lentamente, evitando de esta forma que haya un aumento o disminución de  azúcar en sangre repentino.
  • Vitaminas y minerales: hay algunos minerales específicos que están relacionados con la aparición de los síntomas, uno de ellos es el hierro, si no hay un aporte adecuado de este mineral, puede ocasionar problemas de atención y dificultad en la concentración. Mantener los niveles adecuados de este mineral favorecerá el rendimiento, junto a la vitamina C. Otros minerales como el magnesio y el zinc, también tienen una relación directa con el comportamiento y el rendimiento intelectual. Así como la vitamina C tiene un efecto favorable en la salud de los niños con hiperactividad, las vitaminas del grupo «B» son esenciales a la hora de conseguir un buen funcionamiento del sistema nervioso, evitando los estados de agitación, nerviosismo y ansiedad.
  • Ácidos grasos saludables: como el  omega 3 y omega 6 (se encuentran en alimentos como: el pescado, nueces, almendras, aceites vegetales, semillas, frutos secos, aceitunas, palta, entre otros): estos alimentos mejoran la circulación sanguínea disminuyendo los riesgos cardiovasculares y aumentando la circulación cerebral y provocando que el sistema nervioso central funcione correctamente.